Fenómeno Siniestro 2
Cuando terminé de ver Fenómeno Siniestro (2013), quedé con esa inquietud incómoda que solo dejan las películas que manejan bien el terror psicológico. Así que, cuando descubrí que había una secuela, Fenómeno Siniestro 2, no pude evitar verla, aunque admito que tenía mis dudas. Las segundas partes en el cine de terror suelen ser complicadas: o repiten la fórmula sin alma, o intentan innovar y se pierden en exageraciones. Pero para mi sorpresa, esta continuación logró mantener la esencia del original y, además, expandirla de una forma que no esperaba.
La película sigue a un joven que encuentra los materiales del caso del hospital psiquiátrico y decide investigarlo por su cuenta. Lo que me atrapó desde el inicio es que esta vez no estamos dentro del hospital desde el primer minuto; en cambio, vemos cómo el protagonista se obsesiona poco a poco con los sucesos del filme anterior. Como espectador, esa transición es sumamente interesante, porque no solo conoces el lugar maldito, sino que también entiendes cómo alguien podría sentirse atraído por los restos de esa tragedia.
Lo que más me gustó es que la película no se limita a repetir la atmósfera del temor inicial. Esta vez, la historia avanza como un rompecabezas. El protagonista sigue pistas, revisa cintas, analiza grabaciones, y conforme descubre más información, también va perdiendo el control de su propia vida. Es una espiral descendente que se siente muy real, muy humana. Yo mismo me descubrí inclinándome hacia la pantalla, casi atrapado por la misma curiosidad que lo consume a él.
Cuando finalmente se adentra en el hospital—esa estructura desgastada, ruidosa y prácticamente viva la película agarra un ritmo completamente distinto. Todos los elementos que me hicieron temblar en la primera entrega vuelven aquí, pero con más fuerza: los pasillos interminables, los ecos que no deberían existir, las sombras que parecen moverse con una intención propia. Incluso sabiendo lo que ocurrió en la primera película, no pude evitar sentir que esta vez todo era más siniestro, más agresivo, como si el hospital hubiera estado esperando que alguien regresara.
Hay una escena que todavía me produce un vacío en el estómago. El protagonista sigue un ruido un crujido metálico repetitivo que lo lleva a una sala donde todas las camillas están alineadas como si formaran un camino. La cámara se acerca lentamente, y justo cuando parece que la sala está vacía, una camilla al fondo se mueve apenas un par de centímetros. No es un golpe, no es una aparición; es ese pequeño gesto casi imperceptible lo que más perturba. Sentí que algo estaba jugando con él… y conmigo también.
A diferencia de la primera película, aquí vemos cómo el protagonista lucha contra sus propios pensamientos. No sabe si lo que escucha es real, si las voces son del hospital o de su mente. Y eso genera un terror que no depende de monstruos ni de efectos visuales. Es un miedo íntimo, psicológico, que se instala lentamente.
El tramo final es una mezcla de desesperación y revelación. La cinta responde algunas de las preguntas del primer filme, pero abre muchas más, especialmente sobre el origen de la presencia que habita ese lugar. Lo más perturbador de todo es cómo la película juega con la idea de que el hospital no solo atrapa cuerpos… sino también voluntades. Como si necesitara almas curiosas, desesperadas o vulnerables para alimentarse.
Cuando aparecieron los créditos finales, me quedé mirando la pantalla sin moverme. Sentí como si hubiera acompañado al protagonista en cada paso, en cada latido acelerado, en cada decisión que lo fue llevando más y más profundo. Y aunque terminé con esa incomodidad que solo el buen terror deja, también quedé con una extraña satisfacción. La secuela no solo estuvo a la altura; también le dio un nuevo sentido a todo lo que vimos en la primera película.
Si te gustan las historias de terror que combinan misterio, tensión psicológica y una atmósfera tan pesada que prácticamente puedes sentirla sobre los hombros, Fenómeno Siniestro 2 es una muy buena opción. Continúa el legado del primer filme de forma inteligente y consigue que tú también te preguntes qué habría detrás de esos muros… si realmente es solo un edificio abandonado… o si sigue esperando a alguien más.
Te recomiendo esta película, vale la pena que la veas.
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