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Aniquilación

Hay películas que no solo se ven, sino que se sienten. Aniquilación es justamente una de ellas. No entré esperando nada en particular; solo sabía que era ciencia ficción y que había un misterio extraño llamado “el Resplandor”. Pero desde el primer momento tuve esa sensación peculiar de estar caminando hacia algo que no iba a entender del todo… y aun así quería seguir avanzando.

Lo primero que me atrapó fue el silencio. Esa calma inquietante que parece esconder algo enorme detrás. La película no te grita su misterio: te lo susurra, te lo insinúa, te hace avanzar con cautela. Y mientras seguía a Lena, la protagonista, no pude evitar sentir que cada paso dentro del Resplandor era también un paso hacia algún rincón desconocido de la mente. Hay algo profundamente psicológico en la forma en que la historia se desarrolla, algo que te hace cuestionar incluso tus propias sensaciones.

El equipo de mujeres que entra junto a ella me pareció fascinante. No porque fueran heroínas tradicionales, sino justamente porque no lo eran. Cada una tiene un motivo distinto para exponerse a algo tan peligroso, y eso crea un ambiente emocional tenso, cargado de secretos. Es como si todas hubieran aceptado que algo dentro de ellas ya estaba roto antes de cruzar la frontera del Resplandor. Eso hace que sus decisiones sean impredecibles, humanas, y aun así dolorosas.

Y luego está el mundo dentro del Resplandor. Es uno de los escenarios más bellos y perturbadores que he visto en el cine. Todo parece sacado de un sueño que puede convertirse en pesadilla en cualquier momento. Flores que imitan formas humanas, animales mutados de un modo casi artístico, colores que parecen respirar… Me encontré admirando cada detalle visual como si estuviera observando un ecosistema que evoluciona sin reglas conocidas. Pero esa misma belleza me mantenía alerta, porque en ese lugar nada es realmente lo que parece.

Una escena en particular la del oso todavía me persigue. No solo por lo terrorífica que es, sino por el simbolismo que carga. Esa criatura que imita voces humanas… es una de las representaciones más inquietantes del dolor y la pérdida que he visto. Y es ahí donde la película te recuerda que no se trata solo de ciencia ficción: hay emociones profundas desbordándose detrás de cada fenómeno extraño.

A medida que Lena avanza, todo empieza a sentirse más personal. El Resplandor no solo transforma el mundo físico, también parece reflejar lo que cada personaje lleva dentro. Y aunque no siempre entendía lo que veía, había algo en esa confusión que me resultaba magnético. Es raro encontrar una película que funcione incluso cuando no puedes explicarla.

El final… qué experiencia. No creo que haya una forma sencilla de describir lo que sentí. Es hipnótico, desconcertante, casi como estar viendo una danza entre dos reflejos que no sabes si están peleando, comunicándose o fusionándose. Es un cierre que te obliga a interpretar, a especular, a hacerte preguntas que quizá no tengan respuesta clara. Pero ese es el punto: Aniquilación no quiere explicarte todo, quiere que tú completes lo que falta.

Cuando terminó y la pantalla quedó en negro, me quedé inmóvil un par de minutos. No estaba confundido ni decepcionado; estaba impactado. La película había logrado entrar en esa parte de mi mente donde guardo las historias que realmente me hacen pensar, esas que se quedan conmigo sin pedir permiso.

Lo que más valoro es que Aniquilación no subestima al espectador. Te da imágenes poderosas, emociones fuertes y conceptos profundos… y te deja sacar tus propias conclusiones. Hay belleza, horror, ciencia, filosofía y una reflexión silenciosa sobre la autodestrucción que, de algún modo, sentí demasiado honesta.

Si te gustan las historias que te desafían, que te envuelven con imágenes impresionantes y que te hacen pensar mucho después de terminarlas, Aniquilación es una película que debes ver. No es una experiencia simple, pero sí una que vale la pena vivir.
Te recomiendo verla; estoy seguro de que te dejará con preguntas que solo tú podrás responder.

véala aquí: prime video