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Al filo del mañana

La primera vez que vi Al filo del mañana no tenía idea de lo que me esperaba. Pensé que sería otra película de ciencia ficción sobre una invasión alienígena, con disparos, explosiones y un protagonista que termina siendo el salvador del mundo porque sí. Pero no. Apenas comenzaron los primeros minutos, sentí que esta historia iba por un rumbo distinto, uno mucho más inteligente y sorpresivo. Y lo curioso es que, mientras más avanzaba la película, más me atrapaba su ritmo, su humor inesperado y esa mezcla perfecta entre acción, tensión y crecimiento personal.

Hay algo que siempre me ha gustado del cine: cuando te agarra desprevenido. Y eso fue exactamente lo que me pasó cuando descubrí que el personaje de Tom Cruise, lejos del héroe invencible al que estamos acostumbrados, empezaba siendo un cobarde. Un hombre arrogante, manipulador, acostumbrado a evitar la guerra desde la seguridad de un escritorio. Verlo al inicio fue casi divertido, porque se notaba que lo único que quería era escaparse de todo. Pero lo que viene después lo empuja directo a una pesadilla: morir una y otra vez en un bucle interminable.

Lo que más me sorprendió no fue el bucle en sí, sino cómo la película lo usa para transformar al personaje. Cada repetición se siente como una oportunidad, pero también como una tortura. Verlo fracasar, sufrir, aprender, desesperarse y volver a intentarlo crea una conexión emocional fuerte. Para mí, esa repetición constante no se volvió aburrida, sino cada vez más interesante, porque quería saber cómo iba a resolver cada obstáculo y hasta dónde sería capaz de llegar. Me hizo pensar en cómo muchas veces en la vida deseamos una segunda oportunidad para corregir nuestros errores… y aquí, por extraño que parezca, ver a un personaje morir tantas veces se convierte en una forma de ver su evolución.

Y entonces aparece Rita Vrataski. Emily Blunt se roba completamente la pantalla. Desde el primer momento que aparece entrenando, cubierta de sudor, con esa mirada de alguien que ya lo perdió todo y aun así sigue adelante, entendí por qué la llaman “el Ángel de Verdún”. Rita no es un apoyo, no es la chica del héroe… es la fuerza que dirige, enseña y empuja a Cage a convertirse en algo mejor. Ella carga su propio dolor, sus propias batallas internas, y aun así encuentra la forma de ser guía sin perder su dureza ni su humanidad. Su presencia hace que la película deje de ser un simple viaje personal y se convierta en un equipo que lucha contra lo imposible.

Una de las cosas que más disfruté es que la película no se toma demasiado en serio a sí misma. A pesar de tener un tono oscuro por la situación del mundo, siempre hay espacio para momentos cómicos que alivian la tensión de una forma muy natural. Ver a Cage reiniciar el día después de cada error, a veces de maneras ridículas, crea un humor que no rompe el ritmo, sino que lo vuelve más humano. Es como si la película te recordara que incluso en lo peor, aún queda espacio para reírse un poco de la vida… o en este caso, de la muerte repetida.

La acción, por supuesto, es impresionante. Las escenas de combate tienen un caos calculado que te envuelve por completo. Los trajes mecánicos, los movimientos rápidos de los “mimics”, el campo de batalla como una mezcla entre guerra y pesadilla… todo se siente original, fresco y visualmente poderoso. Pero lo más interesante es que cada batalla importa, no solo por lo espectacular, sino porque sabes que cada muerte, cada error y cada avance hacen que el personaje crezca un poco más.

Hacia el final, sentí que la película ya no trataba solo de derrotar a los alienígenas, sino de entender hasta qué punto alguien está dispuesto a luchar incluso cuando sabe que todo puede reiniciarse. ¿Qué pasa con la mente, con el corazón, con el cansancio emocional cuando cada día se convierte en una repetición interminable? Ese aspecto, esa exploración silenciosa del desgaste humano, es lo que elevó la película para mí.

Cuando terminó, me quedé con la sensación de que Cage ya no era la misma persona. Y yo tampoco era el mismo espectador que empezó la película. Había algo inquietante en la idea de que él pudiera recordar todo… y que nosotros también quedáramos atrapados en ese eco de posibilidades.

Lo curioso es que, aunque todo parece resolverse, hay una pregunta que sigue rondando mi mente desde que la vi por primera vez. Una pregunta incómoda, casi inevitable.

¿Y si el bucle nunca terminó del todo?

Te recomiendo mucho ver esta película… tal vez tú también encuentres pistas que yo aún no me atrevo a interpretar.

véala aquí: prime video