De Amor y Monstruos
Lo curioso de “De Amor y Monstruos” es que, a pesar de su título, yo no esperaba que me terminara transmitiendo tanta ternura en medio de un mundo apocalíptico lleno de criaturas gigantes que podrían devorar a cualquiera sin pensarlo. La puse pensando que sería una aventura entretenida sin mayores pretensiones, pero lo que encontré fue una historia que mezcla humor, romance, acción y crecimiento personal de una forma sorprendentemente cálida y cercana.
Desde que inicia, la película deja claro que Joel, nuestro protagonista, no es el típico héroe valiente que todo lo puede. De hecho, lo opuesto: es torpe, nervioso, se congela en los peores momentos y suele tomar decisiones dudosas. Y tal vez por eso conecté tanto con él. Tiene ese encanto imperfecto que lo hace real, humano, alguien que simplemente intenta sobrevivir en un mundo que ya dejó de ser amable hace mucho tiempo.
La premisa es sencilla, pero poderosa: Joel decide emprender un largo y peligroso viaje para reencontrarse con Aimee, el amor de su vida, después de siete años separados por el caos del apocalipsis. Esa mezcla entre esperanza irracional y romanticismo puro es lo que impulsa toda la historia. Y, aunque al inicio pensé que sería una excusa para generar acción, conforme avanzaba la película me di cuenta de que en realidad era un viaje hacia la madurez, hacia descubrir quién es él sin la sombra del miedo constante.
Uno de los elementos que más disfruté fue el diseño de los monstruos. Cada criatura tiene un estilo visual tan creativo y detallado que prácticamente se sienten como personajes propios. No son simples obstáculos; son parte esencial del nuevo ecosistema en el que Joel debe aprender a sobrevivir. Hay algunos aterradores, otros extrañamente hermosos, y varios que te dan la sensación de estar viendo una especie de naturaleza salvaje reinventada.
A lo largo del camino, Joel se encuentra con personajes que aportan muchísimo a su evolución. Uno de mis favoritos fue el perro, Boy. Lo admito: pocas veces un animal en pantalla logra transmitir tanto sin decir una sola palabra. Es valiente, leal, inteligente y, en muchos momentos, el verdadero protector del dúo. Su presencia hace que el viaje no solo sea más emocionante, sino también más emotivo. Hay algo en la relación entre ambos que te deja con una sonrisa constante.
También aparecen otros sobrevivientes que, con solo unas escenas, logran dejar huella. Me gustó mucho cómo la película los utiliza para darle pequeñas lecciones a Joel, empujándolo a entender que el mundo cambió, sí, pero eso no significa que todo esté perdido o que él no pueda adaptarse. Cada encuentro le aporta una pieza más a su crecimiento personal.
A nivel visual, la película es una sorpresa. No solo por los efectos especiales which son impresionantemente buenos sino por los paisajes y el tono colorido, casi optimista, que contrasta con la idea tradicional de un mundo destruido. Se siente como una aventura vibrante, no como un relato oscuro, y eso la vuelve distinta dentro del género.
Pero lo que realmente me atrapó fue la manera en que “De Amor y Monstruos” combina comedia con ternura y momentos de tensión. Tiene escenas emocionantes que te mantienen atento, pero también instantes que te hacen reflexionar sobre el miedo, sobre la vida después de una pérdida y sobre la importancia de avanzar incluso cuando no se tiene un camino claro.
Y cuando llegué al final, entendí que la película no trataba solo de un chico que busca a su amor; trata de encontrar el coraje para reinventarse, para salir del refugio mental y emocional donde nos escondemos cuando el mundo parece demasiado grande.
Si te gustan las historias que mezclan aventura, criaturas fantásticas, risas genuinas y un protagonista que poco a poco encuentra su propia fuerza, esta película te va a encantar. Es ligera, entretenida y sorprendentemente inspiradora.
Yo te recomiendo que veas “De Amor y Monstruos”; es de esas películas que terminan dejándote con una sensación cálida y optimista… incluso en medio del apocalipsis.
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