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Godzilla: Rey de los moustruos

Desde que tengo memoria, las películas de criaturas gigantes siempre han tenido un lugar especial en mi corazón, pero nada me preparó para lo que sentí viendo Godzilla: King of the Monsters. Es una de esas experiencias en las que sabes perfectamente que estás a punto de ver caos, destrucción y monstruos colosales… pero aun así terminas sorprendiéndote mucho más de lo esperado.

La película abre con un ambiente cargado, casi melancólico, donde los humanos intentan recuperar el control del planeta después de los eventos que Godzilla desató anteriormente. Y desde ese primer momento me encontré preguntándome: ¿cómo negocias con una criatura que puede destruir ciudades completas sin siquiera intentarlo? Ese dilema humano, frágil y completamente desesperado fue lo que me enganchó antes incluso de ver a los titanes.

No voy a negar que una parte de mí estaba ansiosa por lo que realmente quería ver: la aparición de los monstruos. Y cuando empiezan a despertar, uno tras otro, sentí esa mezcla de emoción y terror que solo Godzilla puede provocar. Mothra, Rodan, Ghidorah… cada uno con una presencia visual tan marcada que es imposible no quedarte mirando, casi sin parpadear. Son criaturas gigantescas, imponentes, majestuosas y aterradoras al mismo tiempo. Pero lo que más disfruté es que cada titán tiene una personalidad propia, casi un alma, como si fueran fuerzas de la naturaleza con intenciones que van más allá de cualquier comprensión humana.

Cuando Godzilla finalmente se enfrenta a Ghidorah, tuve esa sensación infantil de estar viendo un evento épico. No era solo una pelea, era un choque entre dos deidades, como si la Tierra misma estuviera decidiendo su destino a través de esos gigantes. Los rayos, los rugidos, los choques, las olas de energía… todo ese espectáculo visual me envolvió de una manera sorprendente. Había escenas en las que literalmente se me erizaba la piel.

Pero más allá de las batallas (que son impresionantes), lo que más me llamó la atención fue cómo la película plantea la relación entre los humanos y los titanes. No se trata simplemente de monstruos destruyendo ciudades; hay un mensaje profundo sobre equilibrio, convivencia y consecuencias. La humanidad está atrapada entre su deseo de controlar y su incapacidad de aceptar que hay fuerzas con las que jamás podrán luchar. Y ahí es donde aparece Godzilla, no como un héroe, sino como un guardián salvaje, impredecible, que protege lo que considera suyo. Me encanta esa ambigüedad: es un salvador, sí, pero no uno amable ni domesticado.

El aspecto visual es espectacular. Cada escena parece diseñada para transmitir magnitud, desde los cielos ennegrecidos hasta los escenarios devastados. Y la música… qué manera de intensificar cada momento. Hay un par de notas que acompañan el rugido de Godzilla que me hicieron sentir que estaba frente a un dios despierto, no solo una criatura gigante.

La trama humana, aunque sencilla, funciona como un buen enlace emocional. Observamos familias rotas, decisiones drásticas y el peso de la pérdida. Puede que no sea el punto más fuerte de la película, pero sí es suficiente para dar contexto y justificar por qué estos personajes toman decisiones tan arriesgadas. Al final, uno entiende que la historia no es solo sobre monstruos, sino sobre la fragilidad humana frente a algo mucho más grande.

Cuando terminé la película, me quedé con esa sensación de grandiosidad que solo algunas historias pueden generar. La idea de un planeta donde criaturas titánicas existen y defienden su territorio me hizo pensar en lo pequeños que somos. Pero también en lo fascinante que sería ver algo así… si no termináramos aplastados en el proceso, claro.

Si te gustan las batallas enormes, los monstruos legendarios y las historias que mezclan destrucción con belleza, Godzilla: King of the Monsters es una película que definitivamente debes ver. Te hará vibrar, te hará sonreír, quizá incluso te deje reflexionando un poco… pero lo importante es que te va a dejar maravillado.
Te recomiendo ver esta película: es un espectáculo gigante en todos los sentidos.

véala aquí: prime video