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Uncharted: Fuera del Mapa

No sé si fue por mi amor a las historias de aventuras o porque siempre me han fascinado los mapas antiguos y los tesoros perdidos, pero cuando vi Uncharted: Fuera del Mapa sentí que me estaban invitando a una búsqueda épica en la que yo también quería participar. Desde los primeros minutos tuve la sensación de estar frente a una película diseñada para disfrutar, para dejarse llevar y para imaginar que, en cualquier momento, uno mismo podría terminar persiguiendo una pista escondida entre pergaminos y leyendas.

La película me atrapó rápido gracias al carisma de Nathan Drake. Hay algo en él que te hace conectar de inmediato: ese estilo relajado, la curiosidad insaciable, el humor incluso en situaciones absurdamente peligrosas. Ver su vida cotidiana antes de la aventura me hizo sentir que estaba conociendo a alguien real, alguien que podría ser mi amigo… si no fuera porque se la pasa escalando monumentos y escapando de gente que quiere matarlo.

Cuando aparece Sully, todo cambia de ritmo. Esa química entre un joven que quiere probarse y un cazador de tesoros experimentado, pero lleno de secretos, le da a la historia un toque especial. No es solo mentor y aprendiz; es una combinación explosiva de desconfianza, humor, traición y complicidad. Admito que varias veces pensé: “No sé si Sully está diciendo la verdad o si va a dejarlo tirado”, y eso hizo todo mucho más entretenido.

Lo que más disfruté fue la mezcla de acción y descubrimiento. Cada pista que encuentran, cada mapa antiguo, cada símbolo oculto… me hizo sentir como si estuviera resolviendo acertijos junto a ellos. Hay escenas en las que literalmente sostuve la respiración, como si al moverme yo también fuera a activar alguna trampa milenaria. Y cuando las secuencias de persecución llegan especialmente la del avión simplemente me quedé impresionado. Es de esas escenas que no solo se ven, se sienten.

Otra cosa que me gustó muchísimo es cómo la película logra mantener ese espíritu de aventura clásica, al estilo de historias que crecieron con nosotros: tesoros secretos, trampas imposibles, traiciones inesperadas, villanos ambiciosos y esos momentos de “¿en serio van a intentar eso?”. Pero al mismo tiempo tiene una energía moderna, fresca, llena de humor que le da personalidad propia.

Los escenarios son un deleite visual: calles europeas estrechas, cavernas ocultas, playas paradisíacas, iglesias antiguas con secretos escondidos entre sus paredes. Cada lugar tiene su propio encanto y, por unos instantes, me hizo querer estar ahí, caminando con una mochila llena de herramientas y un cuaderno repleto de notas sobre tesoros olvidados.

Algo que agradecí es que la película no pretende ser complicada. No intenta marearte con tramas excesivamente profundas ni con reflexiones densas. Su propósito es claro: hacerte pasar un buen rato. Y lo logra con creces. A veces eso es justamente lo que uno quiere: reírse, emocionarse, sorprenderse y sentir que está acompañando a los personajes en una aventura que parece sacada de un sueño.

Cuando la película llega a su clímax, con barcos antiguos suspendidos en el aire y persecuciones imposibles, simplemente me rendí al espectáculo. Es exagerado, sí, pero delicioso. Ese tipo de exageración divertida que te hace sonreír en vez de cuestionar.

Al terminarla, me quedé con una sensación muy agradable: la de haber viajado por lugares increíbles sin moverme del sillón, y la de haber acompañado a dos personajes que, pese a sus diferencias, encuentran una forma muy peculiar de formar un equipo.

Si disfrutas de las historias llenas de acción, misterio, mapas secretos y personajes carismáticos, Uncharted: Fuera del Mapa es una película que definitivamente deberías ver. No solo entretiene: te deja con ganas de una nueva aventura.
Te recomiendo verla; estoy seguro de que te hará sentir que la próxima pista del tesoro podría estar justo frente a ti.

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